NUESTROS PROBLEMAS Y CÓMO MITIGARLOS

 

Muchas veces hemos ido buscando victorias ante un problema o una iniciativa a través de motivos equivocados, que no son los que realmente deberíamos tener en mente. Hay la tendencia a centrarnos en el egoísmo y a salir airosos ante todo, pero al final del día, el motivo correcto es el deseo de servir y honrar a Dios con nuestras acciones y planes que nos trazamos. Es un balance que debemos lograr entre lo que queremos y lo que Dios quiere para nosotros.

Hay un término que se usa mucho y es el de vencer a los gigantes que se nos atraviesan en nuestro camino. Esos gigantes son todos los inconvenientes que aparecen en nuestra vida y son muy surtidos en formas, tamaños e intensidades, por ejemplo, los problemas intrafamiliares, la drogadicción de un hijo, la ausencia de entradas económicas por falta de trabajo que a su vez lleva a las personas a endeudarse con créditos, en fin, tantas cosas que nos llegan de un momento a otro y nos ponen en situaciones muy difíciles. Aquí es donde debemos entrar a pedirle a Dios y tener fe para beneficiarnos de su poder y alcanzar la victoria sobre algo que nos hace la vida molesta. 

1 Samuel 17:37. David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo. Esto haciendo referencia al encuentro de David con el gigante filisteo. 

Por eso es importante que mantengamos un registro de las obras que el Señor ha hecho en nuestras vidas y meditemos sobre quién es Él. Entonces podemos estar seguros de que Dios es suficiente, sin importar cuán grande sea el problema que estemos enfrentando. 

1 Samuel 17: 45. Entonces David dijo al filisteo: Tú vienes a mí con espada, lanza y jabalina, pero yo vengo a ti en el nombre del Señor de los ejércitos, Dios de los ejércitos de Israel, de quien tú te has burlado.

Y estas circunstancias que se nos vienen encima se van volviendo una carga pesada que en todo momento se nos está manifestando. Por ejemplo, ¿Alguna vez te has despertado repentinamente en medio de la noche con una de estas cargas en tu corazón y sientes una opresión miedosa? A veces, este tipo de peso proviene del Señor y desaparecerá cuando haya cumplido su propósito, por ejemplo, un impulso de orar o una fuerte motivación para hacer la voluntad de Dios. Otras cargas son causadas por el pecado y nos agobian hasta que las confesamos. Recuerda que el pecado se da en cosas que se consideran normales como la envidia, el hacer trampas, el odio, la discriminación, el hurto, entre otros. 

Pero las cargas diarias regulares no son para nosotros. Tendemos a pensar en las preocupaciones y las proyectamos hacia el futuro como si fueron nuestro objetivo en la vida el estar lidiando con problemas. Pero realmente lo que debemos hacer es estar con Dios y confiar en que Él que con seguridad hará el trabajo pesado en nuestra vida. Las Escrituras dicen que debemos echar todas las cargas sobre Él.  Debemos identificar la preocupación, entregarla a su cuidado y tener fe en que Él nos sostendrá como lo ha prometido. 

1 Pedro 5:7-9. 7 Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes. 8 Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. 9 Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos. 

Salmos 68:19. 19 Bendito sea el Señor, nuestro Dios y Salvador, que día tras día sobrelleva nuestras cargas. 

Y cuando tenemos estas cargas nos preguntamos ¿Qué debemos hacer? O puede ser también que nos pregunten porque están buscando una orientación sobre sus propias cargas. ¿Alguna vez te han hecho esta pregunta? Si es así, ¿cómo te hizo sentir? 

Hacer esta pregunta tan sencilla abre las puertas a la posibilidad de ir encontrando respuestas con nuestros interlocutores, porque no estamos contando sino indagando, buscando ideas que no han sido consideradas y que los incentivan a participar. 

¿Qué crees que deberíamos hacer? seguido de ¿Qué más?, ¿Qué más?, ¿Qué más?

Pero tengamos en cuenta lo siguiente cuando estamos haciendo las preguntas y vamos generando respuestas:

Mas que dar consejos es el hacer preguntas poderosas que le permitan a nuestro interlocutor tener una mejor comprensión de los desafíos, problemas y obstáculos que está enfrentando porque más que decir lo que pensamos que él quiere escuchar, más bien quiere que le escuchen y le liberen el potencial de acción para vencer las cargas y poder avanzar y crecer. Los consejos generalmente son la primera respuesta que damos y se queda en lo superficial sin entrar a la raíz del asunto para poder mitigarlo.

Una de las características de un buen líder es el saber escuchar más que estar hablando o dirigiendo todo el tiempo. El hacer preguntas inteligentes y poderosas seguidas de una buena escucha permite conocer la situación de nuestro interlocutor, pero hay personas que interrumpen a sus interlocutores tratando de anticiparse a la respuesta, entorpeciendo la estructura de la información que le están suministrando. Esto se conoce como el síndrome del sabelotodo que quiere terminar o anticiparse a lo que le están contando. También hay otros factores como sucede actualmente, que, por estar pegados de nuestros teléfonos, no prestamos atención a lo que nos dicen.

Santiago 1:19. 19 seamos rápidos para oír, lentos para hablar. Proverbios define a una persona necia como alguien que no se complace en entender, sino sólo en expresar su opinión y en dar su respuesta antes de escuchar.

Deberíamos escuchar a las personas como hacemos con nuestros hijos cuando están pequeños, que lo hacemos con toda la atención identificando exactamente lo que nos dicen y también lo que no nos dicen, eso es saber escuchar e incluso cuando respetamos el silencio de nuestro interlocutor.

Así como nuestro amor a Dios y la fe que depositamos en Él comienza con la escucha de la Palabra, el comienzo del amor a los que nos rodean es aprender a escucharlos y entenderlos para poder ayudarlos.

La curiosidad al hacer preguntas es una de las habilidades más importantes que debemos tener al hacer preguntas poderosas que brinden espacio para la reflexión y muevan a las personas a escarbar en el interior de su cerebro y encuentren las respuestas hacia el logro de sus objetivos.

Preguntas que liberan emociones, percepciones, luchas, barreras, preocupaciones y creencias, que muestran proyecciones, posibles respuestas, opciones, acciones. Preguntas como "¿Cuál es el verdadero desafío para ti aquí?", "¿Cómo te sientes acerca de esto?", "¿Qué opciones tienes?", "¿Qué dice la Palabra de Dios sobre esto?", "¿Qué apoyo te ayudaría a moverte? ¿hacia adelante?" y esta simple pregunta "¿Qué más?" 

Algo muy conocido y comentado por muchos es que en la Biblia hay más de 400 preguntas poderosas que Jesús hizo en su corta vida sobre la tierra, por eso este el mejor libro de administración jamás escrito sobre la tierra. 

Nuestro verdadero desarrollo no se logra en eventos de formación que recibimos en las organizaciones o por nuestra cuenta. Es un hábito diario como lo tienen los líderes eficaces y es tan simple como participar en un diálogo continuo que promueva el crecimiento. Aquellos que lo dominan saben que el hábito del desarrollo profesional se reduce a buscar señales para intervenir con una pregunta. 

Los líderes que han logrado el desarrollo profesional siempre están haciendo preguntas poderosas para demostrar interés en las personas, estimular la reflexión y hacer generar ideas, induciendo a las personas al desaprendizaje y al aprendizaje para que renueven sus vidas y hábitos. 

Los modelos de la mayéutica y las conversaciones poderosas han sido Platón, Sócrates y Aristóteles, y éste último decía que somos lo que hacemos repetidamente, así que mejoramos contra nosotros mismos para ser excelentes o nosotros mismos nos encargamos de quedarnos en la mediocridad.

FERNANDO SANDOVAL ARENAS.





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